Se tiene constancia, que en la época ibérica, la ciudad de Huesca ya contaba con un cerramiento amurallado, pero no se puede asegurar que siguan el mismo trazado que el de las murallas árabes, las que hoy todavía quedan en pie, si bien con muchos cambios sufridos a lo largo de la historia.
En realidad, en tiempos de la dominación musulmana, había una segunda línea de fortificación, realizada en tapial con varias puertas, y que se conservó un tiempo después de la conquista de la ciudad. Otro recinto fortificado se encontraba en la zona más elevada del interior, la Zuda. El origen de estas murallas hay que buscarlo en el siglo XIV, cuando se dotó a la ciudad de una sólida defensa, precisamente en un tiempo de guerras entre Aragón y Castilla. En la actualidad, de las nueve puertas que existieron en origen, tan sólo se conserva una, la de Montearagón o Porteta. © Prames
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