El casco antiguo de Zaragoza, el que quedaba dentro del recinto amurallado, es hoy una de las zonas más ricas en bares de tapeo, terrazas y tascas que amenizan el camino a los amantes del buen comer. Entre la Plaza del Pilar y la Plaza de España, se ubican tres plazas repletas de bares de tapas: Santa Cruz, San Pedro Nolasco y Santa Marta. En la primera encontramos —entre otros— clásicos como Casa Portolés o Casa Juanico, en los que probar las croquetas o el afamado jamón con chorreras, respectivamente. En San Pedro Nolasco, se ubica La Nicolasa (San Pedro Nolasco, 2), un clásico experto en curados, banderillas y quesos. Y en la plaza Santa Marta, hay innumerables bares de tapas, entre los que destacan locales como: Los Vitorinos (José de la Hera, 6), donde realizan la cadera de carne gallega estofada al estilo de los Vitorinos y otras tapas sorprendentemente novedosas; Los Zarcillos (José de la Hera, 2), con sus tapas de plancha como el montadito de foie o el de chuletón y sus vinos abundantes, buenos y variados; La Olla (Mayor, 1), que prepara raciones, coca de foie y ensaladas frías y calientes; el Lince (Santa Marta 3), donde la tapa más carismática es la sardina rancia de toda la vida; La Casa del Mar (San Andres 9) donde se pueden degustar productos del mar como almejas, gambas, cigalas a precios muy razonables; en la misma plaza, el Dominó, que ofrece montaditos de jamón y longaniza batida, entre otros; el Marpy, también en la plaza, tiene un amplísimo surtido de tapas y raciones como puntillas con pimientos, sepia, madejas... y, por último, aunque hay más, el Rincón de Curro que tiene un buen número de montaditos, tostadas, ensaladas y verduritas a la plancha. Otra zona emblemática en el tapeo zaragozano es el Tubo, entre la calle Alfonso y Don Jaime. En esta parte de la ciudad, abundan los locales de tapas y las bodegas, como Almau, en la calle Estebanes, 10, donde además de un amplísimo surtido de vinos de todas las procedencias, hay tortillas, croquetas y otros pinchos típicos. En la calle Libertad, también en el Tubo, está Casa Pascualillo, un clásico renovado, especializado en la cocina de siempre, tanto en sus menús como en sus tapas.
Entre San Vicente de Paul y el Coso Bajo, por la zona de la Magdalena, hay bares como Antigua Casa Paricio (Coso 188), un auténtico clásico donde el tiempo parece haberse detenido: gambas con mayonesa, salmueras, berberechos con vinagre y vermú casero. En el mismo sector, San Vicente de Paul, 10, El Tablón es el típico lugar de encuentro y ofrece, como su propio nombre indica, tablas de curados y ahumados. Muy cerca, por el sector San Miguel, Heroísmo y adyacentes, se encuentran bares como: el Cassettone, en San Miguel, con tapas sofisticadas, tipo taco o cestita de pasta rellena y menús a precios asequibles; El Circo (Blancas, 4), con su famosa tortilla de patata; El Botín del Corregidor (Amar y Borbón, 8), de reciente creación y tapas novedosas; el Subordán, Heroísmo 47, especializado en cocina de los valles del Aragón Subordán (migas con jabalí, setas...), y en la calle Romea, Casa Luis siempre tiene buenas gambas, berberechos y navajas, aunque su plato típico son los «cojonudos» con huevo de codorniz.
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