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El Ebro y sus riberas (Ribera Alta y Ribera Baja) | 2 días | Naturaleza
Sotos y mejanas del Ebro
 
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La palabra "soto", procede del latín saltus, término que hace referencia a una arboleda a la orilla del río. Hoy en día, en el curso medio del Ebro, se conoce como Soto, al espacio que ocupa la vegetación de ribera. Los islotes de tierra que han quedado en medio del cauce del río, y que se encuentran colonizados por la misma vegetación que los sotos, son las mejanas.

Debido a la fuerte antropización que ha sufrido toda la ribera del Ebro, hoy en día sus sotos y mejanas, no constituyen un corredor continuo, sino que se encuentran aislados unos de otros, formando auténticos hábitats insulares.

Son un total de trece unidades, repartidas a lo largo del curso del río, ubicadas dentro de diversas comarcas y de forma mayoritaria en las de Ribera Alta, Zaragoza y Ribera Baja. Concretamente hablamos de los municipios de Novillas, Tauste, Gallur, Pradilla de Ebro, Luceni, Remolinos, Alcalá de Ebro, Torres de Berrellén, Alagón, Utebo, Zaragoza, El Burgo de Ebro, Osera de Ebro, Pina de Ebro, Velilla de Ebro y La Zaida. Todos estos "islotes" están comprendidos dentro de la Red Natura 2000, como LIC (Lugar de Interés Comunitario).

La vegetación que se desarrolla en los sotos y mejanas es homogénea en todos y cada uno de ellos. Esta imprescindible vegetación asume la importante misión de proteger las orillas del cauce, ante la fuerza que ejerce la corriente sobre ellas. Además, encierra un destacable valor ecológico debido a la variedad vegetal y animal que forman estas colonias.

Los carrizales son los primeros que se disponen, cerca de los márgenes del cauce y los brazos muertos que se encuentran húmedos durante todo el año. Se trata de formaciones densas y de gran altura, donde suelen anidar multitud de aves acuáticas que frecuentan el río. Después de los carrizales se levantan chopos, álamos y sauces. Formando otra barrera paralela a las anteriores, se presentan los tamarices y seguidos a éstos, donde la presión antrópica no ha sido demasiado intensa, se erigen desafiantes olmos y fresnos.

Al visitante que decida acercarse a alguno de estos pequeños oasis, le sorprenderá el fuerte contraste con el resto del paisaje estepario que los enmarca: la ondulante silueta que se recorta en el horizonte, con las líneas rectas de las márgenes de los campos de labor y las muelas que se observan a lo lejos, o la mayor variedad cromática dentro de la gama de los verdes, con los ocres y blancos del territorio que los circunda.

Los sotos y mejanas son toda una explosión de vida tanto vegetal como animal que invitamos a descubrir.


Más información:

www.natura2000benefits.org


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