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En torno al río
Ebro se emplazan las dos comarcas que presentamos a continuación:
Ribera Alta del Ebro y
Ribera Baja del Ebro. Como sus nombres indican, la primera se sitúa aguas arriba de
Zaragoza, mientras que la segunda lo hace a continuación de ésta.
El territorio comprendido por ambas comarcas nos invita a conocer su rico patrimonio histórico-artístico. Como buena muestra de su pasado, el yacimiento arqueológico de
Celsa, en
Velilla de Ebro. Se trata de la primera colonia que los romanos fundaron en el valle del Ebro, cuyos restos, además de su museo, hoy podemos visitar.
Recorriendo diversas localidades de la Ribera Alta encontraremos magníficas obras de estilo mudéjar en las torres de sus iglesias, entre ellas las de
Torres de Berrellén,
Pinseque,
Pradilla de Ebro,
Bárboles o
Pleitas. Esta última población, cuenta con el castillo de los condes de Bureta, una de las pocas muestras de arquitectura militar mudéjar de Aragón. Mientras que en
Alagón, la capital, se yergue la magnífica torre mudéjar de la iglesia de San Pedro, buen ejemplo, aunque no el único, de la larga trayectoria histórica de esta bella población, cuya visita recomendamos.

La Ribera Baja, por su parte, tiene el privilegio de contar con uno de los monasterios más espectaculares de Aragón, el Monasterio cisterciense de
Nuestra Señora de Rueda, dentro del término municipal de
Sástago. La cabecera comarcal es
Quinto, la única localidad donde se fabrican piezas de artesanía a partir del producto estrella de la comarca: el alabastro. Una ciudad moderna y dinámica que mantiene la huellas de su pasado en construcciones tan significativas como la espectacular iglesia mudéjar de la Asunción, templo que no podemos pasar por alto.
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Pero no todo el patrimonio se centra en las obras arquitectónicas. Dentro del ámbito de la pintura destacamos la huella que
Goya y sus maestros (José Luzán y Francisco Bayeu), dejaron en poblaciones como Alagón,
Pedrola o
Remolinos, sobre todo en la cúpula de la iglesia parroquial de Remolinos.
Localidades como
La Zaida,
Alborge,
Cinco Olivas o
Alforque, además de guardar magníficos ejemplos patrimoniales, presentan la ubicación privilegiada que sólo los meandros del Ebro pueden ofrecer. Un magnífico entrono natural con multitud de miradores, para no perder detalle de la magnificencia que el río brinda al serpentear entre estas poblaciones. Río arriba,
Gelsa y
Pina de Ebro; y en el área opuesta,
Escatrón y su central térmica.
El
Canal Imperial de Aragón es otro curso de agua importante, esta vez artificial; Una magna obra de ingeniería hidráulica, como manifiestan las grandiosas murallas de
Grisén, por ejemplo.

Volviendo a la naturaleza, el Ebro también es el protagonista en diferentes poblaciones de ambas comarcas con la formación de diversos
sotos y mejanas. Hablamos de pequeños paraísos exuberantes en unas tierras que, lejos de las riberas, están secas. Las lagunas de Sástago constituyen una excepción, pues son casi un centenar de saladas de diferentes tamaños, cuyas características las convierten en espacios naturales de singular valor ecológico. También la sal caracteriza a la Ribera Alta, sobre todo a Remolinos, cuyas salinas le otorgan una subrayada fama.
Multitud de parajes perfectos para recorrer a pie, en BTT, a caballo... Sin olvidar la experiencia de cruzar el Ebro utilizando la barca de sirga, un sistema de antaño actualmente recuperado. Tierras que conocieron a través de la imaginación de Cervantes, las figuras de Don Quijote y Sancho Panza, éste incluso llegó a ser gobernador de
Alcalá de Ebro, tal y como nos recuerda la inscripción de su Ayuntamiento. En definitiva, unos territorios inolvidables para toda la familia.